ALABERN FÁBREGA y Cía. La firma Alabern Fábrega hunde sus raíces en la última década del siglo XIX, cuando la Argentina se transformaba al ritmo de la expansión del modelo agro exportador y, por otro lado, hacía ingentes esfuerzos para sobreponerse a la crisis financiera que estalló en 1890 y que recién fue superada definitivamente diez años después.
Federico Alabern: Los comienzos de la firma
El primer registro documentado sobre la actuación comercial de Federico Alabern en Rosario es de 1891, al incorporarse como socio del Centro Comercial de Rosario, antecedente de la Bolsa de Comercio de Rosario.
La institución era presidida por Benjamín Ledesma, y desde 1884 ejercía un rol de liderazgo de primer orden en la región. No obstante las dificultades creadas por “la situación de crisis y restricción de créditos y desconfianza mutua en el comercio en general”, que había motivado la suspensión de la rueda de operaciones, el Centro Comercial aceptó la solicitud de incorporación de un centenar de personas, por lo que pasó a contar con 591 socios. Sus salones eran muy concurridos y en las horas de transacciones se efectuaban ventas y compras de productos y frutos del país con bastante regularidad. |
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Sentado a la derecha, el sexto hombre
es Federico Alabern |
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En las actas de la Comisión Directiva del Centro Comercial se observa que Federico Alabern fue aceptado como socio el 5 de Noviembre de 1891, presentado por F.Olivé. Tenía 23 años de edad. Había nacido en Barcelona el 27 de Abril de 1868, en el seno de una familia de agricultores mallorquines dedicados al olivo y, como tantos otros, viajó a la Argentina en búsqueda de un futuro mejor. En Rosario existía una activa colectividad catalana, la que en 1902 dio vida al Centre Catalá, del cual Alabern llegó a ser su presidente y socio honorario hasta su muerte. Se inició en la comercialización de cereales y oleaginosas con su padre político, Joaquín Arnau, bajo la razón social “Federico Alabern y Cía. S.C.”. Por su apreciable conducta e inteligencia le fue requerida su participación en distintas instituciones, convirtiéndose en un referente del gremio de los corredores de cereales, una actividad clave para la comercialización de granos y la defensa de los intereses de la región, al punto que fue el fundador y primer presidente del Centro de Comisionistas y Corrredores (más tarde Centro de Corredores de Cereales de Rosario), el más importante en su tipo del interior del país. Al año siguiente también fundó y presidió el Mercado General de Productos Nacionales, actual Mercado a Término de Rosario S.A., el que con el correr del tiempo desempeñó un papel fundamental en las negociaciones de las cosechas de cereales y oleaginosas. También fue figura señera de la Cámara Arbitral de Cereales, que pasó a integrar desde 1899 hasta 1904, como vocal, y en la cual forjó su experiencia. Asimismo, participó en 1905 en la Cámara Sindical y en 1909 en la Cámara de Defensa Comercial, ambas de la Bolsa de Comercio. Por entonces fue director de la Compañía Mercantil de Seguros y de La Unión Gremial, fundada esta última en 1908, a muy pocas horas de diferencia con la creación del Centro de Corredores. Ernesto Fábrega, quien sería su sucesor, definió con elocuencia lo que representó en la actividad: “Si bien hombres de ese entonces dedicaron sus esfuerzos a la tierra directamente, otros como don Federico Alabern, emplearon su inteligencia y sus desvelos en impulsar y respaldar a los primeros, para obtener así los incipientes frutos que recién rendía la agricultura del país. Ambas actividades corrían la misma suerte en la lucha emprendida, y ambas se complementaban, unos en el campo luchando para extraer sus frutos a la naturaleza, otros haciéndolo en la ciudad en defensa de los mismos como así también para rectificar o encauzar los productos de la tierra, defender la bondad de los cosechados, y obtener por ellos la justa recompensa a que eran merecedores”. Alabern perteneció a aquella generación de principios de siglo XX que, iniciada a la par del desarrollo excepcional del Rosario, motivada por el incremento de la agricultura y el gran puerto de exportación de la ciudad, intervino y apoyó toda iniciativa de progreso no sólo de la producción, actuando ante los poderes públicos nacionales y provinciales para mejorar el transporte, el crédito al sector, la situación de los agricultores ante contingencias como las sequías, la langosta, las inundaciones, los gravámenes etc., sino también a los proyectos de implicancia social. Alabern, en este sentido, así como presidió el Centre Catalá, recuerdo de su patria chica, fue promotor y miembro de la Comisión Directiva del Hospital Español, y a él se debe la construcción de su artística capilla. Asimismo, la Sociedad Protectora de la Infancia y Adolescencia lo tuvo entre sus patrocinantes, secundando la labor de Juana Elena Blanco. Fábrega destacó de Alabern: “Espíritu emprendedor por excelencia, su confianza en el porvenir y en la capacidad del país era tan profunda que insensiblemente fue ligando todos sus intereses al destino del mismo. Su visión en este sentido fue tan clara que no escatimó esfuerzos para acudir en apoyo y ayuda de cualquier esfuerzo que pudiera servir de base al agricultor. Fue don Federico Alabern precursor del crédito agrario y del crédito bancario que en tiempo de sus comienzos aparentemente no existía, y el poco crédito de esa naturaleza necesitaba de formalidades que lo hacían difícil sino imposible alcanzarlo”. Y en relación con la firma subrayó: “La casa comercial que él fundó alcanzó alto grado de consideración y respeto en el comercio del país; los que hemos quedado con tan inapreciable legado hemos hecho y hacemos cuanto está a nuestro alcance para honrar su nombre y seguir cumpliendo sus deseos, y llevar el mismo ritmo que él tan sabiamente le imprimió”.
Ernesto Fábrega: la ampliación del campo de acción
Ernesto Jaime Federico Fábrega Soler nació el 13 de diciembre de 1893 en la ciudad de Barcelona29. Fue hijo de Luis Fábrega, natural de San Félix de Giscol (Sant Feliu de Guíxols), provincia de Gerona, España, una pintoresca población del Mediterráneo; y Elena Soler, de la ciudad de Barcelona.
Su primer trabajo en Rosario fue en una agencia marítima, donde adquirió una amplia experiencia sobre el negocio de importación y exportación. En agosto de 1916 ingresó como socio activo de la Bolsa de Comercio (al igual que Alabern, a los 23 años de edad) y permaneció en los años siguientes dentro del listado de los agentes marítimos y despachantes de aduana, con domicilio en calle San Lorenzo 998. Según lo admitiera Fábrega, la Bolsa pasó a ser “su segundo hogar”. |
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Ernesto Fábrega |
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Siendo aún muy joven decidió establecer una pequeña industria dedicada a la fabricación de las bolsas de arpillera, la que en muy poco tiempo fue adquiriendo envergadura por ser apreciadas como un insumo estratégico para el comercio de granos. La materia prima, que era el yute, venía de la India y de Pakistan. Alabern y Fábrega compartían no sólo la nacionalidad de origen, sino la condición de socios de la Bolsa y otras instituciones locales. En un momento determinado, dada la complementariedad de sus negocios, decidieron asociarse. “Fue uno de los primeros canjes de esa época. Se entregaba la bolsa al productor agropecuario, éste la llenaba de granos y el grano se vendía a través de Alabern y Compañía. La bolsa era el vehículo de la comercialización. Fue una alianza estratégica”. Además, aquella relación estaba sellada por un sólido lazo familiar, ya que Fábrega contrajo matrimonio con una hija de Alabern.
En 1923, se modificó la denominación de la firma a “Alabern, Fábrega y Cía. S.C.”, quien pasó a presidir la misma hasta 1966, fecha de su fallecimiento. Fábrega fue un referente de la industria de la fabricación de bolsas de yute. En la Bolsa de Comercio de Rosario integró la Cámara del Yute y sus derivados, siendo presidente en el período 1937-1938. |